El caso del diario Clarín
es probablemente uno de los procesos más oscuros de la transición
chilena, el que refleja no solo el temor de la Concertación a la
libertad de prensa, pensamiento y organización de la sociedad civil,
sino también el proceso de descomposición y cooptación que siguieron sus
líderes durante dos décadas en el gobierno. Para impedir el regreso a
los kioscos de este popular periódico -que vendía hasta el golpe de
Estado más ejemplares que El Mercurio- , los gobiernos de la
Concertación no dudaron en colocar todo tipo de obstáculos, legales e
ilegales, para impedir que Víctor Pey Casado, propietario del diario,
obtuviera una indemnización tras la expropiación de sus bienes en 1973.
Este es un proceso judicial inaudito que lleva décadas. Se inició
durante los años 90 en los tribunales chilenos, los que no respondieron a
las demandas, y ha seguido en el tribunal internacional del CIADI,
instancia competente para dirimir diferencias respecto a inversiones
extranjeras: Víctor Pey, nacido en España, es un inmigrante que llegó a
Chile en el Winnipeg . En el momento de realizar la inversión en Clarín , sancionó el tribunal, era ciudadano español.
En diciembre pasado el gobierno anunció el fin de este largo proceso y
la derrota de Pey. Pero nada más lejos de la realidad. La complejidad
del lenguaje jurídico internacional permite a veces hacer
interpretaciones un poco oblicuas y, por cierto, muy interesadas.
Para comprender el estado de las cosas hay que remontarse a 2008, año
en el cual el tribunal del CIADI falló a favor de Víctor Pey y de la
fundación española Presidente Allende, a la que cedió parte de las
inversiones. En tanto, ordenó a Chile pagarles una cifra superior a los
diez millones de dólares. El gobierno, presidido por la socialista
Michelle Bachelet, interpuso un recurso para anular el fallo y el
procedimiento de cálculo del monto de la indemnización, a lo que el
tribunal accedió. Pero no se trata de un triunfo de Chile, como el
gobierno de Piñera ha querido demostrar. Debe conformarse un nuevo
tribunal con la única finalidad de volver a calcular el monto de la
indemnización. El CIADI rechazó todos los recursos de anulación que
presentaron los abogados chilenos, liderados, hay que recordar, por
Jorge Carey, conspicuo miembro de Renovación Nacional nombrado para
tales efectos por el presidente Ricardo Lagos. Entre esos recursos
estaba el cuestionamiento de Pey como legítimo dueño de Clarín ,
su nacionalidad, la oportunidad en la que se realizó la inversión y una
serie de otros asuntos técnicos y jurídicos. Todas estas solicitudes de
anulación fueron rechazadas.
Hay dos puntos que reconoce el
CIADI que ayudan a comprender los grados de turbiedad de este proceso.
Uno es que a Pey se le denegó justicia en Chile, lo que resulta
manifiesto en la demora de siete años de tramitación en la justicia
chilena por el dominio de la rotativa Goss de Clarín :
“Equivale a una demora irregular e irrazonable dando lugar a una demanda
por denegación de justicia”. El otro punto es que hubo discriminación
en el trato que se le otorgó como inversionista.
A Víctor Pey
el Estado chileno le denegó justicia, dice el tribunal internacional. Al
haber ausencia de decisión por parte de las jurisdicciones chilenas
durante un periodo de siete años (1995-2002), por un lado, y la ausencia
de respuesta de la Presidencia a las solicitudes del Sr. Pey Casado,
por otro lado, ello constituye una denegación de justicia. Y tampoco se
le dio un tratamiento justo y equitativo. El Estado chileno (bajo el
gobierno de Ricardo Lagos) “al conceder compensaciones -por razones que
no se conocen y siguen sin explicarse- a personas que, según el tribunal
de arbitraje no eran propietarias de los bienes confiscados, y al
paralizar o rechazar las reivindicaciones del Sr. Pey Casado referentes a
los bienes confiscados, la República de Chile cometió una manifiesta
denegación de justicia y se negó a tratar a los demandantes de manera
justa y equitativa”.
No solo los tribunales chilenos no
respondieron a las demandas de Pey, sino que el gobierno de Lagos tejió
una pringosa estructura jurídica notarial para evitar a toda costa la
reaparición del diario Clarín . Para ello inventó una serie de herederos de Clarín y les pagó una indemnización que calculó, nadie sabe cómo, en diez millones de dólares.
El 28 de abril de 2000, el Ministerio de Bienes Nacionales de Chile,
encabezado por el democratacristiano Claudio Orrego, emitió la Decisión
Nº 43, en la que autorizaba la restitución o indemnización para cuatro
personas (o, según correspondiera, a sus sucesiones) por la expropiación
de Clarín . Según el gobierno, esas personas eran Darío Sainte-Marie, Ramón Carrasco, Emilio González y Jorge Venegas.
La trampa no quedó allí. En ella participaron abogados y políticos de
baja estofa y peor ética. Pocos meses antes de la emisión de la Decisión
43 por el Ministerio de Orrego, un abogado creaba en una notaría de
Recoleta, junto a un concejal del PPD, la sociedad anónima Asinsa con un
capital de cien mil pesos. Según escribió la periodista Patricia
Verdugo en la desaparecida revista Rocinante , en 1998 el
Comité de Inversiones Extranjeras -dependiente del Ministerio de
Economía- encargó un estudio en derecho al abogado Enrique Testa sobre
el “caso Clarín ”. En 1999, se constituyó la sociedad Asesorías
e Inversiones S.A. (Asinsa) con dos socios: Isidoro Godorischen
Rapaport (yerno de Testa y militante del PPD) y Ronald Youlton Vasen.
Cinco días después de constituida, el 27 de abril de 1999, la sociedad
Asinsa compró el 40 por ciento de los derechos hereditarios de la
sucesión de Emilio González González en un millón 600 mil pesos. ¿Qué
tenían los herederos de González, muerto en 1991, que ameritara esta
compra?, se preguntaba Patricia Verdugo. Nada. Porque no había ningún
documento que relacionara a González con Clarín .
Había una trampa. Que abrió el Ministerio de Bienes Nacionales cuando
declaró al fallecido González como uno de los propietarios del diario Clarín
. De este modo, en esta operación Asinsa invirtió 1,6 millones para
obtener una ganancia de mil 260 millones de pesos de la época.
Más que ser una trampa millonaria, como tantos otros casos de corrupción
durante los años de gobiernos de la Concertación, ésta tiene el perfil
de un obstáculo político e ideológico pergeñado por las elites del
binominal-neoliberal para impedir el surgimiento de un diario popular
que impulse el pensamiento crítico y la reorganización social.
Fuente: Paul Malder, “Punto Final”, edición Nº 774, 11 de enero, 2013. En http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162407&titular=%E2%80%9Ccaso-clar%C3%ADn%E2%80%9D-destapa-corrupci%C3%B3n-de-la-transici%C3%B3n-
Nota de Usina: el periódico existe actualmente en edición electrónica, y se puede acceder en www.elclarin.cl
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